En un extenso país llamado Brasil alguien decidió que el llamado Software Libre era una buena idea porque era efectivo y gratuito. Los años pasaron y las oficinas de gobierno y las escuelas públicas se inundaron de programas de código abierto. Hoy Brasil es uno de los países del mundo en los que este movimiento encuentra una de sus mayores fortalezas. Y no se trata de una simple moda.