Quienes piensan que el software libre es algo propio de hippies, pelilargos y anarquistas seguramente no conocen al teniente coronel Miguel Ángel Blanco. Este uniformado argentino intenta desde hace años concientizar a las Fuerzas Armadas locales de la importancia estratégica para un país de usar tecnología cuyo funcionamiento pueda conocer y estudiar. Lo cual, evidentemente, no es el caso con el software privativo. Con esto en mente, creó GNU LinuxMIL, un sistema operativo basado en Linux que, por ser un desarrollo propio, evita dependencias tecnológicas extranjeras. Y, por ser de fuente abierta, dificulta monitoreos indeseados en el tráfico de información.
Por Laura Siri
Cuando me enteré que, el 25 de marzo pasado, habría una conferencia sobre software libre en la Escuela Superior Técnica General de División Manuel N. Savio, organizada por el capítulo argentino de AFCEA (Armed Forces Communications and Electronics Association), me dije “eso tengo que verlo”. Porque no todos los días se escucha a militares declarar, como comentó en la introducción el coronel Alejandro Luis Echazú, que “el software libre es un tema de tecnología de punta”. Y ahí no terminaron las sorpresas, porque a continuación el coordinador del encuentro, teniente coronel Miguel Ángel Blanco, expresó sin lugar a ambigüedades: “soy impulsor del software libre”.
Luego de una charla básica sobre la temática, a cargo de la Dra. María Elena Casañas, y de otra sobre Ubuntu por parte de Guillermo Lisi, de Ubuntu-ar, el teniente coronel Blanco explicó en detalle cuándo empezó a interesarse en el software libre y de qué trata su principal aporte al respecto, el proyecto LinuxMIL.
Para empezar, aclaró que LinuxMIL es un proyecto no oficial y que, luego de más de diez años de dedicarse a estudiar y divulgar el software no privativo, este encuentro de AFCEA era la primera vez que lo presentaba públicamente en un ámbito educativo castrense que sí es oficial. Y recordó algo gracioso: “cuando me acerqué a la gente del software libre, muchos pensaban ¿qué hace un uniformado acá? Y también me costó presentar gente del software libre a mis superiores porque, francamente, su aspecto no era el que estaban acostumbrados a ver en la institución”.
¿En qué consiste LinuxMIL?
Básicamente, como dijo Blanco en la presentación y como también puede leerse en el sitio del proyecto, es un desarrollo que impulsa la creación de un sistema operativo propio y el empleo de herramientas GNU, que garantice seguridad, independencia tecnológica, e interoperabilidad. Pero no se restringe sólo a lo castrense, sino que apunta a la integración social en el desarrollo de tecnología de uso dual (civil-militar). Combina aplicaciones GNU de procesamiento de textos, hoja de cálculo, presentaciones de diapositivas, Internet, correo electrónico, mensajería, manejo de proyectos, gráfica, desarrollos y otros componentes, con altos niveles de seguridad, en un marco legal y de un modo sensiblemente más económico que con alternativas privativas. Finalmente, abarca la investigación de tecnología basada en software y hardware libre y su relación de impacto en la incorporación y migración en ámbitos militares.
LinuxMIL está basado en Ututo (una distribución de GNU-Linux creada en la Argentina y reconocida por la Free Software Foundation como 100 por 100 libre) y fue realizado con el apoyo de la asociación civil Solar (Software Libre Argentina). Para garantizar que no ponga en riesgo los sistemas donde corra, esta distro ofrece versión Live, es decir, ejecutable desde un CD o pendrive, sin necesidad de ser instalada. Y, para evitar problemas con ciertos drivers o aplicaciones, incluye algunos componentes no libres, por ejemplo los que permiten ejecutar flash en la Web.
¿Por qué este uniformado decidió emprender un proyecto así?
Principalmente, porque considera que “el software es un bien estratégico”. Significa que hoy el software puede utilizarse como instrumento de ataque y dominación, y es posible por ejemplo que un adolescente experto logre inmovilizar sistemas vitales de un país con sólo jugar con algunas piezas de software.
No se puede negar que el uso de software privativo implica una excesiva dependencia de empresas extranjeras, lo que para fines de defensa puede ser cuestionable. Por eso, el lema de Miguel Ángel Blanco es que “no se trata de comprar tecnología, sino de transferirla”. Concretamente, la posibilidad de capacitar a fondo al personal acerca de cómo funciona la informática sólo existe con el software libre, porque al estar restringido el acceso al código fuente, con el privativo eso es imposible. De este modo, se atenúan las asimetrías entre los países con grandes presupuestos militares y aquellos con recursos más modestos: “el desarrollo de software sólo es cuestión de intelecto y capacitación, así que una nación con poco poder económico puede ser poderosa en software si se lo propone”. Y destaca que, para este tipo de naciones, la capacitación siempre será el recurso más barato en el que pueden invertir, en comparación con lo que cuesta adquirir otros insumos para la industria de la defensa.
La presentación de Blanco finalizó con una muestra de diversos sistemas de uso militar basados en software libre, como el simulador de helicópteros MI-17 hecho en Perú, muy exitoso para entrenar pilotos y que ha sido exportado a Rusia. O el juego de guerra Tarapacá, también de origen peruano. También pueden verse más ejemplos aquí. Y concluyó con una referencia a la Plataforma de Modelado en Software Libre para la construcción de herramientas CASE MOSKitt.
A continuación, Marco Antonio de Hoyos, de Solar, explicó cómo migrar de Windows a Linux y Bernardo González, en representación de Cadesol (Cámara Argentina del Software Libre), disertó sobre el modelo de negocios del software no privativo.
Finalmente, el teniente coronel Juan Ernesto Rickert habló sobre la herramienta libre de información geográfica gvSIG, pero comentar lo que dijo merecería otra nota. Lo interesante para destacar es que, siguiendo con las sorpresas, comenzó su charla con una cita de Richard Stallman: “su origen [el del software libre] está en una visión y un plan, no en un impulso individual”. Por su aspecto y su forma de pensar, uno diría que Richard es la última persona que alguien esperaría oír citar en un encuentro castrense. ¿Estará cambiando la gente del software libre, estará cambiando el ámbito militar, o habrá una incipiente tendencia en toda la sociedad a tomar conciencia de la importancia de la libertad? Me gustaría pensar que es esto último.

De izquierda a derecha: Marco Antonio de Hoyos, Guillermo Lisi, Bernardo González, María Elena Casañas, Miguel Ángel Blanco y Grl Br (R) Francisco Machinandiarena.








